Vivir para Trabajar; Una Triste Realidad

Hay que trabajar para vivir y tener una estabilidad laboral. Sin embargo, no hay que vivir para trabajar. Si lo haces, tu salud está en riesgo.

Vivir para Trabajar; Una Triste Realidad

Empieza a trabajar para vivir

En la semana en la que hemos celebrado el Día del Trabajo bien merece la pena reflexionar sobre cómo se rompe el orden coherente de la felicidad cuando se trata de trabajo. Y es que, aunque todos sabemos que hay que trabajar para vivir, también somos conscientes de que la crisis ha dado lugar a una nueva realidad: vivir para trabajar. Es decir, enfocar gran parte de los esfuerzos y energías vitales al trabajo para poder pagar las facturas, tener una estabilidad de futuro y fomentar el ahorro. Esta exigencia del trabajo también acompaña al colectivo de autónomos que en muchos casos desconocen lo que significa tener dos semanas de vacaciones.

Trabajar para vivir es una triste realidad que tal vez pasa desapercibida en el día a día y que, sin embargo, aflora en situaciones concretas en las que haces balance del paso del tiempo y observas en perspectiva a cuántas cosas has tenido que renunciar por priorizar constanemente el ejercicio de trabajar.

Trabajar para vivir es una realidad en el caso de aquellas personas que trabajan con esfuerzo durante jornadas laborales por un sueldo mínimo. Cada vez hay también más casos de personas que enlazan más de un empleo para poder tener un desahogo económico. Igualmente, muchos autónomos viven desde la incertidumbre de la inestabilidad de ingresos que acompaña a su profesión.

Trabajar es un motor de felicidad, es cierto. Especialmente, cuando tu trabajo te gusta. Y sin embargo, cuando las condiciones profesionales son precarias aumenta en gran medida el riesgo de sufrir el síndrome del trabajador quemado por la sencilla razón de que las circunstancias externas influyen en el estado de ánimo interno. Ya que el ser humano no es una máquina pese a que a veces, se siente tratado como tal.

Sin embargo, por muy complejas que sean las circunstancias profesionales actualmente, ojalá que valores la posibilidad de hacer algunos cambios en tu vida profesional. Por ejemplo, tal vez ha llegado el momento de dejar de llevarte trabajo a casa. Tal vez este es un buen momento para empezar a desconectar el teléfono móvil del trabajo durante tu vida personal. Tal vez si eres autónomo, puedes empezar a ganar libertad para empezar a decir no a ciertos proyectos.

Sin sentir el miedo de creer que porque digas que no a algo, eso va a condicionar tu éxito potencial. Se trata de vivir recordando que el trabajo no lo es todo. De hecho, si hay un motivo por el que merece la pena hacer estos cambios es porque podemos poner en riesgo nuestra propia salud. Es decir, trabajar para vivir es sinónimo de estrés, pensamiento negativo, miedo y angustia.

La complejidad es tal que incluso muchas personas tienen que luchar muy duro para alcanzar una estabilidad profesional, viviendo la dureza y la incertidumbre de las oposiciones. Una autoexigencia constante que no siempre tiene el premio que uno espera.


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