La Ansiedad Afecta al Apetito

La Ansiedad Afecta al Apetito

La ansiedad produce en sí misma un malestar importante, un malestar físico generalizado puesto que este malestar anímico también deja huella a nivel físico. Sin embargo, la ansiedad también se agrava porque produce efectos secundarios colaterales al afectar a pilares esenciales del bienestar.

Por ejemplo, la ansiedad afecta al descanso adecuado pudiendo producir insomnio o, por el contrario, incrementando las horas de sueño de aquel que encuentra en el reposo una vía de escape ante el agotamiento acumulado.

La ansiedad causa un nudo en el estómago

La ansiedad también afecta al apetito. En ocasiones, puede producir un nudo en el estómago que roba la sensación de hambre como consecuencia de esa sensación física de angustia. Por el contrario, como consecuencia de la ansiedad también es posible desarrollar una relación emocional con la comida, queriendo llenar ese vacío interno al comer. Así ocurre, por ejemplo, cuando una persona tiende a comer más dulces cuando se ha llevado un disgusto, cuando se aburre, cuando se siente sola o en una situación de conflicto. En este tipo de casos, ese aparente placer momentáneo que aporta un capricho culinario, se convierte en un peso físico y emocional.

La ansiedad afecta al apetito, sin embargo, también conviene puntualizar que una alimentación saludable y equilibrada ayuda a reducirla. Por esta razón, una persona que sufre ansiedad debe cuidarse todavía más, para no descuidar sus menús saludables y disfrutar de los alimentos con calma. Mantener unos horarios de alimentación habituales, tomar frutas y verduras de la temporada y apagar el teléfono móvil durante la hora de la comida son algunos de los hábitos que ayudan a reducir la ansiedad.

Uno de los mejores consejos para evitar la tendencia de comer más en un momento de ansiedad es hacer la lista de la compra pensando en las necesidades reales y no en los caprichos secundarios. También es importante tener ocupaciones para evitar estar durante mucho tiempo en casa sentado en el sofá durante toda la tarde. Este tipo de sedentarismo aumenta la ansiedad y también, el hábito de picar entre horas.

Cuando la ansiedad afecta al apetito es recomendable consultar con el médico de cabecera que podrá ofrecer consejos prácticos al paciente.


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