Cuando la Sombra del Miedo nos Persigue

“Existen tantos miedos como se pueden inventar”, dice Óscar Wilde. Podemos tener miedo a cosas que nos rodean en nuestro mundo: por ejemplo a los perros, a las arañas, a la oscuridad.; podemos temer a las alturas, a los espacios cerrados, a coger un avión; podemos temer a las mismas personas, como es el caso de los tímidos, o personas incapaces de expresarse en grupo; o podemos temernos a nosotros mismos: a estar solos, o incluso a perder la lucidez o en control.

Pero, ¿qué es el miedo?
El miedo esla emoción más primitiva que existe en los humanos. Es una reacción inmediataante un peligro. Cuando nuestros antepasados vivían en la selva y tenían quecazar para alimentarse, el miedo era su protector ante los depredadores. A lamínima señal de cercanía de un depredador peligroso, el miedo activa en elhombre cazador el modo de alerta-huída en su sistema: hipervigilancia: los ojos se abren como platos y hacen un rápidobarrido del entorno, los oídos se agudizan a sutiles sonidos, la respiración se acelera, el corazón late a gran velocidad y proveede oxígeno y nutrientes a todos los músculos del cuerpo, que ya están en tensión, preparados para la carrera. Elsistema digestivo también se prepara: se vaciará si es necesario a través del vómito o la defecación para no emplear la energía en la digestión: todas lasenergías son necesarias para la huida hacia un lugar seguro. Y gracias a estemilagroso mecanismo del miedo, el hombre cazador podrá sobrevivir. Es por tanto el miedo una emoción necesariapara protegernos del peligro.

Imagino queestaréis pensando, “pero ahora no vivimos en la selva; no hay animalesdepredadores…” Y es cierto, ahora los peligros han cambiado, y el miedo puedeser un protector pero también un destructor en nuestra vida. Vamos aexplicarlo:

1)     Si no tuviéramosmiedo, podríamos morir fácilmente. El miedo es necesario paravivir y nos protege de peligros reales. Imaginemos que vamos tranquilamentecruzando una calzada y de repente oímos la bocina de un camión que se acerca agran velocidad. La reacción de miedo es inmediata: se activa el mecanismo dehuida que nos hará correr hacia la acera para estar a salvo. El proceso esidéntico al descrito arriba ante el depredador. Podemos llamar “miedoprotectivo” a esta emoción adaptativa y necesaria para preservar lavida.
2)     Pero hay vecesque el miedo no nos protege de un peligro real, sino que se torna en un “miedo destructivo”, a veces irracional, quenos paraliza y va destruyendo nuestra salud. Puede ser un miedo difícil deidentificar que se presenta con una sensación de angustia difusa, poco clara:“Tengo miedo, pero no sé a qué”… O puede ser un miedo con nombre y apellidosque podemos describir de forma concreta: miedo a afrontar una situación en la queantes hemos fracasado, a enfermar, a la muerte, a perder el control de unomismo,  a exámenes, a los insectos,miedo a abandonar una pareja que sabemos que nos daña, miedo a estar solo o air solo a ciertos lugares…En ocasiones, la persona  puede saber que no setrata de un peligro real (por ejemplo, no va a morir por quedarse solo encasa); lo sabe pero no lo siente.
El “miedo destructivo”somete a nuestro sistema a un constante estado de alerta: podemos percibir síntomas en nuestro cuerpo similares al verdaderomecanismo de huida: estado de agitación, palpitaciones, tensión muscular oproblemas digestivos. Este miedo, si se mantiene en el tiempo, como su nombreindica, poco a poco va destruyendo sistemas dentro de nuestro cuerpo, sobretodo el sistema inmunológico, encargado de defendernos de enfermedades.
Muchaspersonas me preguntan cómo pueden vencer el miedo, si a veces hace muchos añosque conviven con él y cada vez le asusta más afrontarlo. Yo les devuelvo lapregunta en dirección contraria:
“¿Quépodrías hacer para permitir que este miedo te siga destruyendo?”
Larespuesta en ocasiones se dilata unos segundos, pero siempre es contundente:
“Seguirsin afrontarlo, seguir huyendo…”
“Entonces,deberías tener miedo a seguir huyendo”…
                                                                                                          MónicaFerrera, Psicóloga.
                                                                                                            www.monicaferrera.es

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