El Síndrome de la Sopa Caliente Parte 1 de 2

La Maternidad en el Marco Existencialista

La maternidad sigue siendo en millones de seres humanos una forma estructural en su existencia. Uno de los argumentos más frecuentes es que la especie humana se halla configurada en sus tendencias a vivir de cierta manera. A estas concepciones  se les suele ubicar como esencialistas y suponen que la vida está conformada por esquemas ineludibles de experimentar, como es la reproducción. La premisa es que si se tiene útero se debe usar. Una frase que ha sido sumamente expresada es: “útero que no se usa, produce cáncer”, la cual parece una sentencia a la condición de mujer, reproducirse.

Ante este tipo de visiones, constantes y numerosas, las posibilidades de intentar llevar a cabo una vida como mujeres sin hijos, son bajas en comparación con sí tenerlos. Los grupos sociales son implacables con las mujeres que no tienen hijos, se les mira con lástima, desconfianza o desprecio. Históricamente se caricaturiza la imagen de la mujer que no se reproduce: se le ilustra como hostil, enfadada crónica, poco agraciada físicamente, en profunda soledad, resentida con el mundo.

No todos los espacios en que se desenvuelven las mujeres tienen esta misma fuerza de empuje hacia la forma de vivir en la reproducción, tal es el caso de las universidades, organizaciones sociales o centros de negocios, destacando las atmósferas en las que el núcleo de su cotidianidad es la planeación y realización de proyectos. Los sitios en que el futuro es la base de un trabajo permiten delinear formatos de vida diversos a los de la reproducción, no en una consigna contra ella, de hecho, se incluye, sólo que se diversifican la opciones para la vida de las mujeres.

La situación  de muchas mujeres que construyeron dinámicas de logro, revela la alternativa: efectuaron estudios universitarios, adquirieron bienes por esfuerzo propio, como: un auto, asumen diversos gastos, rentan o adquirieron un inmueble, pagan su esparcimiento, efectuaron vacaciones haciéndose cargo parcial o totalmente de los costos, incluso sus estudios de formación profesional llegan a ser sufragados por ellas mismas (hay multitud de experiencias en donde estudiantes universitarias hacen infinidad de trabajos para obtener dinero en función de poder pagar la matrícula universitaria). En la dimensión emocional tienen la posibilidad de tejer autonomía, con todo y las diferencias de género acentuadas en las familias latinas que establecen claras distinciones en el trato a las hijas y los hijos, expresado en la flexibilidad de las normas a los hijos y la rigidez a las hijas (Burín y Meler, 1998).

Hacerse cargo de sí misma no es labor fácil. Para un sistema sustentado en jerarquías, que funciona con el papel asignado a cada quien y cuyos efectos son grandes privilegios para unos cuantos, armoniza en el engranaje de la inequidad. Ser mujer de una instancia superior económicamente a ella y   formar parte de una familia a la cual sirve con eficiencia parece ser la expectativa abierta o velada de la realización sustancial en la vida. Máxime si se corrobora con sus iguales que  celebran esquemas similares de “cumplimiento de destinos”. No faltan las hipótesis que en forma de coartada sostienen la diferenciación de responsabilidades: los hombres salen a cazar y las mujeres cuidan de la descendencia. A menos que se habite en una caverna, esto último  es indiscutible (Hernando, 2003).

La visión Constructivista de Hombres y Mujeres

Lo contrario a las posiciones esencialistas son las miradas constructivistas. Éstas residen fundamentalmente en afirmar que los seres humanos y sus esquemas de vida se derivan de construcciones socioculturales a través de procesos históricos. Por tal motivo, el constructivismo se orienta a situar que gran parte de los rasgos en esas diferencias entre mujeres y hombres pueden llevarse a cabo de otras maneras. Nacer con una anatomía y fisiología específica no es un destino, principalmente en cuanto a roles a desempeñar. Estas diferencias se les reconoce como el sexo: mujer u hombre. Lo referente al género es una elaboración sociocultural: feminidad y masculinidad. En ese sentido, el incipiente consenso es ubicar el sexo como condición biológica y el género como construcción sociocultural. Es común que se considere un enfrentamiento entre ambas: biología versus sociocultural para discernir aspectos femeninos y masculinos.

A menudo se recurre a terapia por estados emocionales de inferioridad como un asunto individual; sin embargo, hay una alta incidencia en factores sociales, lo que conduce a formular que si se contemplan los papeles de inequidad de género, éstos en sí son el problema, la condición particular es tan sólo la representación individual. Ante esto, se advierte el tamaño de los alcances que tienen la mayoría de las organizaciones humanas en la determinación de establecer una especie de supremacía de lo masculino; pese a los pregones que señalan la casi erradicación del machismo, lo que desde luego no es así:

El sometimiento de la mujer sigue siendo prueba de virilidad en Perú y en Patagonia, en Texas y en Tokio, en una cantina mexicana y en una orquesta sinfónica alemana. Lo que ha cambiado, al menos en las clases medias y altas del mundo industrializado, es la forma en cómo se realiza (Castañeda, 2007:43).

La inequidad de género es producto de estructuras sociales cuya democracia puede ser cuestionada. En este sentido, el sometimiento femenino y los privilegios de la masculinidad cuentan con la aceptación “natural” de un entorno que tiene perfectamente legitimada la escala de asignación social entre sus integrantes, con todo y lo que pareciera un pensamiento de avanzada.

Sobre la condición de crianza aún predominan las actitudes que colocan a las mujeres como las más idóneas para la atención de los hijos, siendo el estereotipo de mayor arraigo en el mundo occidental.

Rasgos atribuidos comúnmente a las mujeres:

  • Que tenga belleza
  • Que consiga un buen hombre
  • Ser madre
  • Cuidar hijos
  • Sensible, frágil
  • Amorosa
  • Apoyar a la pareja
  • Formar una familia y darle estabilidad
  • Jugar varios roles: amiga, pareja, compañera, hija, etc.
  • Ser base de la familia
  • Realizar actividades del hogar
  • Educar a los hijos

Rasgos atribuidos comúnmente a los hombres

  • Triunfador
  • Acumulador de bienes
  • Que cuente con una mujer atractiva que certifique sus éxitos
  • Insensible, seguro, dominante
  • Protector y responsable de la familia
  • Proveedor
  • Cabeza del hogar
  • Estabilidad del hogar
  • Cuidar a la pareja
  • Control y autoridad de la familia
  • Ser el fuerte de la relación
  • Ser quien toma las decisiones   (Díaz-Loving y Rocha, 2011: 25-43).

Se puede apreciar que el encajonamiento es para ambos sexos, sólo que las ubicaciones tienen diferentes beneficios y conflictos, por supuesto que la peor parte la llevan las mujeres, ya que su lugar es prácticamente una consecuencia de lo  que su pareja realice.

—————————————————————————

Artículo creado por: Mtro. Andrés Gómez Espinosa

Referencias bibliográficas

Burín, M. y Meler, I. (1998). Género y familia: poder, amor y sexualidad en la construcción de la sexualidad. Buenos Aires: Paidós.

Castañeda, Marina (2007). El machismo invisible regresa. México: Taurus

Catalá, M. (1983). Reflexiones desde un cuerpo de mujer. Madrid: Anagrama.

Coria, Clara (1991). El dinero en la pareja. México: Paidós.

Díaz-Loving, Rolando y Rocha Sánchez, Tania Esmeralda (2011). Identidades de género. Más allá de cuerpos y mitos. México: Trillas.

Hernando, G. A. (2003). ¿Desean las mujeres el poder? Cinco reflexiones en torno a un deseo conflictivo. Madrid: Minerva.

Laing, Ronald D. (1990). El Yo dividido. México: Fondo de Cultura Económica.

Rich Harris, Judith (1999). El mito de la educación. Por qué los padres pueden influir muy poco en sus hijos. México: Grijalbo.

Watzlawick, Paul et al.(1989). Teoría de la comunicación humana. Barcelona: Herder.

2 comentarios en El Síndrome de la Sopa Caliente Parte 1 de 2

  1. Excelente Art.,Muy cierto las directrises que son marcadas por la sociedad vana, machistas, dentro de la falta de equidad. La mujer es señalada y mal vista por buscar y desarrollarse profesional, espiritual y socialmente. Si no cubre con los parametros establecidos por la misma, que asco.

  2. Muy buen articulo, tiene mucha razón en como la sociedad estipula que la mujer se debe comportar de cierta manera y si salimos de ese esquema ideal se nos señala sin saber que situaciones nos han llevado a tomar ciertas decisiones. Tener hijos no es una obligacion.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.