Cuatro Cosas que Debes Cambiar para no Amargarte la Vida

Las personas somos expertas en rizar el rizo, en dar vueltas y vueltas a un tema como si nos fuese la vida en ello. Observar el funcionamiento ordenado del universo, puede darnos las claves de lo que implica fluir de verdad con la vida. Existe un ritmo natural en las cosas. Ganaríamos calidad de vida pensando menos y sintiendo más.

Cuatro remedios para no amargarte la vida

1. Deja de poner tu bienestar en deseos que en realidad, no tienen un carácter absoluto. Aunque no lo creas, puedes ser feliz sin tener un trabajo ideal, una pareja perfecta o un montón de amigos. No existen las condiciones cien por cien ideales, si entendemos por ideal aquello que surge en la mente. La realidad te da más de lo que puedes imaginar pero para ello, tienes que dejar de castigarte por aquello que no tienes y te falta.

2. Permítete ser feliz. Deja de pensar en cómo ha sido tu vida hasta ahora, en todas las cosas negativas que te han pasado, o en las heridas que tienes dentro. No eres una excepción a la norma en el reino de los humanos. Sal de ti mismo, comparte más tiempo con los demás, y te darás cuenta de que todo el mundo, tiene algún dolor en su alma. Pero eso no significa que la vida se pare.

3. Piensa menos en esos temas que te desbordan. Focaliza tu atención en el lado sencillo de lo cotidiano. La felicidad empieza por las pequeñas cosas de hacer la cesta de la compra, pensar en el menú diario, hacer las tareas de la casa, trabajar, quedar con los amigos, pasear… La vida no está llena de efectos especiales como en las películas de Hollywood.

4. Toma el miedo como algo natural, no como una forma de castigarte por considerarte cobarde. Convive con el miedo porque sólo así puedes tenerlo bajo control.

Aprende a relativizar tus preocupaciones

Una preocupación puede ser gigante o más pequeña dependiendo de la importancia que tú le des. La mente es como una lupa que puede aumentar hasta los más mínimos defectos. Por ello, también es bueno tener un poco de miopía mental, no ser tan exigente o mejor dicho, amplicar la mirada de verdad para ver el todo y no la parte.

Foto: Mujer Hoy

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